domingo, 29 de septiembre de 2013

Dispersión de las ideas:

Junto al culto a lo micro encontramos el consumo de mensajes simultáneos, una especie de síndrome de bufé libre en el que queremos probarlo todo en un mismo plato.
El problema no es solo una cuestión cuantitativa sino cualitativa, porque ya nos adaptamos mas a una información dotada de argumentos largos, elaborados, profundos y con muchas matizaciones que no se sitúe en la simplificación de blanco y negro.
En octubre del 2011 Asití compone al primer congreso de Mundial de Blogueros que celebran en Iguazú (Brasil).  De modo que la escena la formaban los clásicos especialistas subidos en la tarima y algunas decenas de jóvenes entre el público, de los cuales el 80 % estaba absurdo en su pantalla sin dirigir la mirada al escenario.
Pero si observamos las pantallas de los ordenadores del público, más de la mitad se estaban dedicando a mirar su correo, responder a los mensajes, leer la prensa o escribir comentarios en su Facebook.
Así como hace unos años habría sido intolerable que alguno de los asistentes desplegara un periódico durante el acto, ahora hacerlo por vía virtual se acepta de forma normalizada. Por supuesto, cuando acaban las conferencias nadie se planteaba escribir algo más extenso de los 140 caracteres daban por hecho que ya habían participado en la difusión de lo allí discutido.

Nicholas Carr explica un experimento que se realizó para estudiar una situación similar:
Una pareja de investigadores de Cornel (una universidad de nueva york) dividieron  una clase de dos grupos. A uno se le permitió navegar por la red mientras escuchaba una conferencia. El registro de esa actividad demostró que los integrantes de este grupo consultaban páginas web relacionadas con ella, miraban sus correos electrónicos, se iban de compras, miraban vídeos y, en general hacían todo lo que hace la gente cuando se conecta en Internet.
El segundo grupo escuchó la misma conferencia sin abrir sus ordenadores portátiles. Inmediatamente después, ambos grupos se sometieron a una prueba que media cuánto recordaban las conferencia. Según los investigadores, los navegadores por la red obtuvieron resultados significativamente más pobres en medidas inmediatas de memoria del contenido por asimilarse. Además   tampoco importó si las páginas por las que navegaban estaban relacionadas o no con la conferencia; de todas formas, sus resultados fueron malos.
 No acaban aquí los estudios y conclusiones.
En otra investigación de Kansas State University hicieron un estudio comparando el grado de recuerdo que los grupos mantenían de un informativo de la CNN según incluyera infografías que parpadeaban en la pantalla y teletipos que corrían en la parte inferior o si se omitían todos estos elementos.
Quienes vieron la versión multimedia recordaban menos datos que los que habían asistido a la más simple.
La obsesión por la comunicación constante y la incapacidad cada vez más generalizada de concentrarse en una información o acontecimiento están provocando situaciones impensables hace unos años, como las que señala Nicholas Carr.

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